Cómo manejar las distracciones

NEHEMÍAS 1.1-11
CUANDO NEHEMÍAS ERA COPERO DEL REY
 su corazón se inquietó por la situación de los israelitas y la condición de su ciudad. Con el permiso del rey, se propuso reconstruir Jerusalén. Enfrentó numerosos obstáculos pero se negó a dejar que ellos lo distrajeran. De su ejemplo, aprendemos la importancia de: ESTAR EN EL CENTRO DE LA VOLUNTAD DE DIOS. Cuando Nehemías clamó en oración por su pueblo y su tierra (Neh 1.4-11), el Señor le mostró exactamente lo que debía hacer. Entonces, Dios hizo que al rey le agradara la petición de Nehemías y le diera todo lo necesario. Saber que estamos donde Dios nos quiere nos dará confianza para pasar por las pruebas sin desviarnos. RECORDAR CUÁL ES EL PROPÓSITO. Nehemías sabía que la prioridad del Señor para él era que reconstruyera la ciudad. Dios también ha dispuesto cosas que nosotros debemos hacer, y trabajar para Él es siempre de gran valor. No debemos subestimar nuestra parte, no importa lo pequeña que nos parezca. CUMPLIR CON CADA TAREA. Después de cada crisis, Nehemías volvía a la tarea en cuestión. Al mantener el propósito del Señor en mente, seremos capaces de permanecer en la tarea, cumplir con cada paso y mantener el rumbo. IDENTIFICAR CON PRECISIÓN LO QUE NOS DISTRAE. Quienes tratan de interrumpir nuestro trabajo, distraer nuestra atención o atacarnos personalmente no son de Dios. Con la ayuda del Padre celestial, Nehemías reconoció a quienes hacer caso y a quienes ignorar. Piense en las personas y en las situaciones que puedan distraerle. Estar consciente del potencial que tienen para desviarle de su objetivo, puede ayudarle a mantenerse enfocado.


Dios es soberano de nuestra espera

PROVERBIOS 16.9 
A NADIE LE GUSTA ESPERAR
 pues esperar nos demuestra que no llevamos las riendas de nuestra vida. Alguien o algo es quien está al mando. Aunque es posible que no podamos identificar la causa inmediata de la espera —como sucede con un semáforo o una larga fila para pagar— el Único que en el fondo controla nuestra espera es el Señor. Puesto que Él es soberano sobre todo, en el cielo y en la Tierra, aun nuestro tiempo y nuestra agenda están en sus manos. Esto significa que en cada espera estamos, en realidad, esperando a Dios de una forma u otra. Es posible que usted haya pensado que la expresión “esperar en el Señor” se aplica solo a quienes buscan dirección de Él o respuesta a una oración. Pero puede significar mucho más cuando recordamos que Él tiene control de todas nuestras circunstancias. Aprender a esperar es de vital importancia, porque hasta que aprendamos a hacerlo nunca seremos capaces de andar en obediencia a Dios, tener una vida de oración auténtica, o experimentar la paz del descansar en la dulce soberanía de Él. Tenemos que aprender a confiar en su sabiduría, no solo en los acontecimientos importantes de nuestra vida, sino también en los triviales que nos causan malestar e impaciencia. Si somos sensibles a la dirección de Dios, cada espera tiene una lección. La próxima vez que usted enfrente una espera indeseada, recuerde que Dios quiere enseñarle paciencia e incrementar su fe. El Señor está más interesado en desarrollar en nosotros un carácter santo, que en permitir que la agenda que tenemos se cumpla conforme a nuestros planes.

La Palabra de Dios para nosotros

2 TIMOTEO 4.1-5
CASI TODO EL MUNDO EN NUESTRA SOCIEDAD 
tiene fácil acceso a una Biblia, pero este importante libro muchas veces es dejado en el estante acumulando polvo. Si las personas comprendieran su valor real, apreciarían la Palabra de Dios más que todas las demás cosas en el mundo. Toda la Biblia ha sido inspirada por el Espíritu Santo, y aunque utilizó hombres para escribir las palabras, cada pensamiento tuvo su origen en Dios mismo (2 P 1.20, 21). Pensemos en lo mucho que valoramos las cartas que hemos recibido de las personas que amamos. Nuestro aprecio por las Sagradas Escrituras debe ser aún mayor. El Creador del universo, el Dios que tiene la eternidad en su mano, puso por escrito toda la verdad que necesitan sus hijos para vivir con plenitud y gozo, antes y después de la muerte (2 P 1.3). Dios se revela a sí mismo por su Palabra, que es viva y poderosa para transformar nuestra vida (He 4.12). Además, Romanos 10.17 dice por qué es importante que amemos la Biblia: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”. Es decir, la Palabra de Dios es el medio por el cual es posible la fe salvadora. ¿Cómo es posible que un libro como éste nos resulte tan poco interesante? ¿Tan poco apreciado? Es vital que nos demos cuenta de la preeminencia de su autor, el Señor, y de la manera en que puede impactar nuestra vida. Piense en la última vez que vio una Biblia. ¿Cuál fue su reacción? ¿Tocó sus páginas con respeto reverente, o apenas le dio una mirada? La próxima vez que abra este precioso libro, lea sus palabras, saboree su significado, y pídale a Dios que aplique las lecciones de la Biblia a su vida.

El valor de la Palabra de Dios

DESDE LAS PRIMERAS PALABRAS DE GÉNESIS
hasta las últimas de Apocalipsis, toda la Biblia es divinamente inspirada. El Todopoderoso se nos revela por medio de su Palabra. Él también dice que ella es útil para enseñar, redargüir, corregir y prepararnos para lo que enfrentaremos en la vida (2 Ti 3.16, 17). Ningún otro libro tiene tanto valor en la vida. El Antiguo Testamento nos da a conocer la naturaleza, la voluntad y el poder de Dios; sienta las bases para que podamos comprender la santidad del Señor, y revela la urgente necesidad que tiene la humanidad de un Salvador. El Nuevo Testamento declara que Jesús se convirtió, por su sacrificio, en nuestro “puente” al Padre (Jn 14.6). Sus escritos explican por qué debemos tener fe en Cristo para salvación, cómo vivir como hijos de Dios, y qué podemos esperar en esta vida y después de la muerte. Efesios 6.13-17 compara a la Palabra de Dios con una armadura, y por una buena razón: en la batalla de la vida, tenemos un enemigo real que quiere destruirnos. Pero el poder de Dios es más grande (1 Jn 4.4), y el “vestirse” para la guerra prepara cada día a los hijos del Señor para las tentaciones, las mentiras y las decisiones que enfrentarán. La Palabra debe emocionarnos, porque es la única esperanza para la humanidad, y la sola enseñanza que conduce a la victoria, tanto en la vida como después de la muerte. La Biblia advirtió que muchas personas rechazarían la verdad, y un vistazo a nuestra sociedad demuestra que es así. No caiga usted en la misma trampa. Medite cada día en las Sagradas Escrituras, y pídale a Dios que le hable. La vida sin la verdad de Él está destinada al fracaso.

Por qué enfrentar nuestros temores

EL MIEDO SE INTRODUCE EN NUESTRA VIDA y nos envuelve el corazón y la mente. Esto puede suceder tan sutilmente que no detectemos cómo ha afectado la ansiedad nuestra toma de decisiones, salud y espíritu. Al final, muchas personas pierden lo mejor de Dios, porque el temor les impide caminar por fe para hacer su voluntad. El temor puede parecer poco importante al principio, pero si no se controla comienza a interferir en nuestra vida. Físicamente, podemos experimentar la tensión que nos impide relajarnos y disfrutar de los placeres del día. La ansiedad constante puede ocasionar problemas de salud. Nuestra mente puede ser nublada por el miedo, lo cual puede limitar lo que estamos dispuestos a pensar y considerar. Si eso sucede, nuestra creatividad y nuestros sueños serán sofocados. Pero la parálisis mental que acompaña a menudo al temor incontrolado es muy peligrosa para nuestra vida espiritual. A menos que se confíe a Dios, un solo temor puede dominarnos fácilmente, tiñendo nuestra actitud con una sensación general de inquietud. Nos volvemos indecisos, angustiados al pensar que tomaremos una decisión equivocada. Somos, pues, atrapados tratando de evitar cualquier cosa que pueda ponernos ansiosos. Por tanto, dejamos de crecer como cristianos, y tenemos tropiezos en nuestra vida laboral y familiar. Si usted se deja paralizar por la ansiedad, no puede depositar toda su confianza en Dios y seguirle con entusiasmo. Haga una evaluación honesta de su vida, y pídale al Señor que le muestre las áreas en las cuales el temor le está limitando.

Cómo controlar nuestros temores

ISAÍAS 41.10-13
UN CREYENTE ES CAUTIVO DEL TEMOR SI DECIDE SERLO. 
Algunas personas organizan su vida (o al menos partes de ella) evitando ideas o situaciones que les producen ansiedad. Pero los cristianos no debemos vivir en esa esclavitud, porque la confianza en Dios es la clave para estar libres de ataduras. En algún momento u otro, la inquietud entra en la vida de todo creyente, pero ella no debe quedarse allí mucho tiempo. Para enfrentar nuestro temor y vencerlo, necesitamos primero reconocer su presencia. Si ignoramos la ansiedad o tratamos de esquivarla es posible que nos apartemos de la voluntad de Dios. Tras haber reconocido que sentimos temor, lo siguiente que debemos hacer es identificar la naturaleza de ese temor. A veces nos sentimos ansiosos sin saber exactamente por qué, pero el Espíritu Santo puede indicar lo que nos mantiene cautivos. El tercer paso es iniciar el proceso de derrota del temor en nuestra vida. Y no hay mejor herramienta para romper las cadenas, que la “espada del Espí- ritu”: la Biblia (Ef 6.17). La Palabra de Dios habla a nuestros temores individuales. Utilice una concordancia para encontrar ayuda práctica y específica. O, para un aliento más general, busque Isaías 41.10. Esta es una promesa muy importante y, por eso, un versículo útil para memorizar. Cuando me siento ansioso, voy a Isaías 41.10, y le digo a Dios: “Esto es lo que dijiste, y lo creo porque nunca mientes. Así que confiaré en Ti, Señor, para que intervengas en esta situación”. Confiar en Dios es la única manera de ser libre del temor.